Con
bizcochos de soletilla se tapiza un molde de paredes y fondo
liso (flanero). El molde, que ha de ser redondo y alto,
se forra interiormente con papel blanco, una plantilla en
el fondo y una tira por todo su alrededor. Con bizcocho
de soletilla se cubre el fondo y después las paredes.
Los bizcochos del fondo se cortan en dos cada uno y después
se recortan en forma de cuñas y con ellos se cubre
el papel que habíamos colocado. A los de los bordes
tan sólo se les corta una de las puntas para darles
estabilidad; unos y otros se colocarán con la cara
en contacto con el papel que forra las paredes del molde.
Aparte
se prepara una crema con 200 gramos de chocolate de buena
calidad, 200 gramos de manteca de vaca, 200 gramos de azúcar
y 4 huevos. El chocolate se pone en un perolito o cacerola
a la boca del horno o en sitio templado para que se reblandezca;
cuando está blando se trabaja con una batidora y
se le añade poco a poco la manteca de vaca para que,
al mezclarse, se forme una pasta lisa.
Se
mezcla en este momento la mitad de la manteca y enseguida
toda la cantidad de azúcar; se ha de procurar que
el exceso de calor no licúe la manteca; todo el conjunto
ha de tener aspecto de pomada.
Se
deja de trabajar la mezcla, se incorporan, una a una, las
cuatro yemas de los huevos y el resto de la manteca. Por
último, se baten las claras a punto de nieve y se
mezclan a la crema. Al mezclar las claras es preciso que
la crema de chocolate esté algo blanda (no líquida)
y el todo bien esponjoso y cuajado al meterlo en el molde.
Bien mezclado todo, se llena con ello el molde forrado de
bizcochos, se deja enfriar hasta el día siguiente
o en el frigorífico y, cuando está cuajado,
se desmolda y se sirve.
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